Amor constante más allá de la muerte

El Parnaso español, 1648

Cerrar podrá mis ojos la postrerasombra que me llevare el blanco día,y podrá desatar esta alma míahora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera,dejará la memoria, en donde ardía:nadar sabe mi llama la agua fría,y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,venas que humor a tanto fuego han dado,médulas que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;serán ceniza, mas tendrá sentido;polvo serán, mas polvo enamorado.

Texto íntegro del soneto en ortografía modernizada según la transcripción de Wikisource en español, tomada de El Parnaso español (1648), donde apareció por primera vez tras la muerte de Quevedo. No se introdujo ninguna enmienda.

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.

Sobre el poema

Es el soneto más célebre de Francisco de Quevedo, y suele darse por el más perfecto que se escribió en español. Se publicó en El Parnaso español (1648), tres años después de morir su autor; como casi toda su poesía, no conoció la imprenta en vida.

El poema discute con una certeza —que la muerte lo borra todo— y le pone una excepción. El primer cuarteto la concede: llegará la sombra final y desatará el alma. El segundo la niega: esa alma no cruzará el río del olvido, porque su llama sabe nadar en el agua fría. Los tercetos rematan la idea con una anatomía del enamorado —alma, venas, médulas— que arde incluso reducida a nada.

Son catorce endecasílabos en dos cuartetos y dos tercetos, y todo el soneto está construido para llegar a su último verso. Quevedo era maestro del conceptismo, la agudeza que concentra un pensamiento en el menor número de palabras posible; aquí lo lleva a su extremo. «Polvo serán, mas polvo enamorado» dice, en cinco palabras, que la materia se deshace y el amor no: una contradicción que se sostiene sola.