Amado Nervo escribió En paz en la última etapa de su vida, la que recogió en Elevación (1917): un Nervo mayor, sereno, más cerca de la meditación religiosa que del brillo modernista de sus principios. El poema es un balance. Desde «muy cerca de mi ocaso», el poeta repasa su vida entera y la salda: bendice a la vida porque nada le debe y nada le reprocha.
Su idea central es una sola, y dura: «yo fui el arquitecto de mi propio destino». Lo bueno y lo malo que probó fueron suyos, porque él puso en las cosas la miel o la hiel que luego sacó de ellas; si plantó rosales, cosechó rosas. Es una ética de la responsabilidad y de la aceptación, sin queja y sin cuentas pendientes, expresada en versos alejandrinos de una claridad casi de proverbio.
Nervo —poeta y diplomático mexicano, una de las voces más leídas del modernismo— murió en 1919, dos años después de publicarlo, siendo ministro en Montevideo. El poema quedó como su despedida y su epitafio: la vida no le prometió mayo eterno, y él no se lo reclama. «¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!»