Volverán las oscuras golondrinas

Rimas, 1871

Volverán las oscuras golondrinasEn tu balcón sus nidos á colgar,Y, otra vez, con el ala á sus cristalesJugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenabanTu hermosura y mi dicha á contemplar,Aquellas que aprendieron nuestros nombres...Esas... ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvasDe tu jardín las tapias á escalar,Y otra vez á la tarde, aun más hermosas,Sus flores se abrirán;

Pero aquéllas, cuajadas de rocío,Cuyas gotas mirábamos temblarY caer, como lágrimas del día...Esas... ¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídosLas palabras ardientes á sonar;Tu corazón de su profundo sueñoTal vez despertará;

Pero mudo y absorto y de rodillas,Como se adora á Dios ante su altar,Como yo te he querido... desengáñate,Así no te querrán!

Es la Rima LIII. El texto sigue la edición de las Obras de Bécquer de 1885, a partir de la transcripción de Wikisource en español; las Rimas se publicaron por primera vez en 1871, un año después de morir su autor. Se conserva la ortografía de aquella edición —la «á» acentuada, «aquéllas»—: es la del original, no una errata.

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.

Sobre el poema

Gustavo Adolfo Bécquer murió en Madrid en 1870, a los treinta y cuatro años, pobre y casi inédito como poeta. Sus amigos reunieron las Rimas y las publicaron en 1871, sacándolas de un cuaderno manuscrito; el orden con que hoy se numeran —esta es la LIII— es el que ellos les dieron. Con aquel librito póstumo empieza la poesía española moderna.

La rima está armada sobre una promesa que se cumple y otra que no. Tres veces anuncia que algo volverá —las golondrinas al balcón, las madreselvas a la tapia, las palabras de amor al oído— y tres veces, en el mismo aliento, aparta lo único que importaba: aquellas golondrinas que aprendieron nuestros nombres, aquellas gotas que mirábamos temblar, aquel modo de querer. Lo que vuelve es la especie; lo que no vuelve es lo que fue nuestro.

Y el poema guarda el golpe para el final. Después de tres estrofas de naturaleza que regresa, la última se pone de rodillas y dice la verdad entera: así, como yo te he querido, desengáñate, no te querrán. No es un poema sobre las golondrinas. Es un poema sobre lo que no se repite.