A un olmo seco

Campos de Castilla, 1912

Al olmo viejo, hendido por el rayoy en su mitad podrido,con las lluvias de abril y el sol de mayoalgunas hojas verdes le han salido.¡El olmo centenario en la colinaque lame el Duero! Un musgo amarillentole mancha la corteza blanquecinaal tronco carcomido y polvoriento.No será, cual los álamos cantoresque guardan el camino y la ribera,habitado de pardos ruiseñores.Ejército de hormigas en hilerava trepando por él, y en sus entrañasurden sus telas grises las arañas.Antes que te derribe, olmo del Duero,con su hacha el leñador, y el carpinterote convierta en melena de campana,lanza de carro o yugo de carreta;antes que rojo en el hogar, mañana,ardas, de alguna mísera caseta,al borde de un camino;antes que te descuaje un torbellinoy tronche el soplo de las sierras blancas;antes que el río hasta la mar te empujepor valles y barrancas,olmo, quiero anotar en mi carterala gracia de tu rama verdecida.Mi corazón esperatambién, hacia la luz y hacia la vida,otro milagro de la primavera.Soria 1912

De Campos de Castilla (1912), a partir de la transcripción de Wikisource en español. No se introdujo ninguna enmienda.

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Sobre el poema

Machado escribió «A un olmo seco» en Soria, en 1912, mientras su joven esposa Leonor se moría. Un olmo viejo, partido por el rayo y medio podrido, ha echado unas pocas hojas verdes con las lluvias de abril y el sol de mayo, y el poeta se detiene ante esa señal mínima de vida en algo casi muerto.

El poema enumera todos los finales que esperan al árbol —el hacha, el fuego, el viento, la carcoma— y aun así se queda con el brote. En el último giro, tan callado que casi se pierde, el olmo se vuelve esperanza: el poeta anota el milagro en su cuaderno «antes que te derribe», esperando también él «otro milagro de la primavera». Leonor murió aquel verano.