Adelfos

Alma, 1902

Yo soy como las gentes que á mi tierra vinieron;soy de la raza mora, vieja amiga del sol...que todo lo ganaron y todo lo perdieron.Tengo el ama de nardo del árabe español.

Mi voluntad se ha muerto una noche de lunaen que era muy hermoso no pensar ni querer...Mi ideal es tenderme, sin ilusión ninguna...De cuando en cuando un beso y un nombre de mujer.

En mi alma, hermana de la tarde, no hay contornos,...y la rosa simbólica de mi única pasiónes una flor que nace en tierras ignoradasy que no tiene aroma, ni forma, ni color.

Besos, ¡pero no darlos! ¡Gloria, la que me deben;que todo como un aura se venga para mí!Que las olas me traigan y las olas me lleven,y que jamás me obliguen el camino á elegir.

¡Ambición! no la tengo. ¡Amor! no lo he sentido.No ardí nunca en un fuego de fe ni gratitud.Un vago afán de arte tuve... Ya lo he perdido.Ni el vicio me seduce, ni adoro la virtud.

De mi alta aristocracia, dudar jamás se pudo.No se ganan, se heredan, elegancia y blasón....Pero el lema de casa, el mote del escudo,es una nube vaga que eclipsa un vano sol.

Nada os pido. Ni os amo, ni os odio. Con dejarme,lo que hago por vosotros hacer podéis por mí....Que la vida se tome la pena de matarme,ya que yo no me tomo la pena de vivir!...

Mi voluntad se ha muerto una noche de lunaen que era muy hermoso no pensar ni querer...De cuando en cuando un beso, sin ilusión ninguna.¡El beso generoso que no he de devolver!

De Alma (1902), a partir de la transcripción de Wikisource en español. Se respeta la ortografía de la época («á»). No se introdujo ninguna enmienda.

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Sobre el poema

«Adelfos» es el gran autorretrato de Manuel Machado y una de las voces más personales del modernismo español. El que habla se pinta como un andaluz de sangre mora y romana, hecho de indolencia y elegancia, que lo deja todo pasar: «Mi voluntad se ha muerto una noche de luna / en que era muy hermoso no pensar ni querer».

El verso más famoso lo dice todo con una pereza altiva: «Que la vida se tome la pena de matarme, / ya que yo no me tomo la pena de vivir». No es tristeza, es hastío elegante, un abandonarse al placer y al olvido con gracia de señorito cansado. Es el reverso exacto de la gravedad moral de su hermano Antonio.