Caupolicán

Azul…, 1888

Es algo formidable que vió la vieja raza:robusto tronco de árbol al hombro de un campeónsalvaje y aguerrido, cuya fornida mazablandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,lancero de los bosques, Nenrod que todo caza,desjarretar un toro, o estrangular un león.

Anduvo, anduvo, anduvo. Le vió la luz del día,le vió la tarde pálida, le vió la noche fría,y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta.Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: «Basta»,e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.

De Azul… (segunda edición, 1890; el poema es de 1888), a partir de la transcripción de Wikisource en español. La fuente imprime la primera palabra en mayúsculas; se restituyó. No se introdujo ninguna otra enmienda.

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Sobre el poema

«Caupolicán» pertenece a Azul… (1888), el libro con que Rubén Darío puso en marcha el modernismo. El soneto retrata al cacique mapuche que, según la leyenda que cuenta Ercilla en La Araucana, ganó el mando cargando un tronco enorme al hombro durante un día y una noche sin descanso.

Darío lo esculpe como una estatua: brazo de Hércules, de Sansón, un «Nemrod» que camina entre la selva hasta que la naturaleza y los suyos lo saludan. Es el modernismo mirando hacia América y hacia el mito, con esa mezcla suya de fuerza y ornamento, de historia antigua y música nueva.