«Los largos sollozos de los violines del otoño hieren mi corazón con una languidez monótona.» Verlaine construye el poema casi solo con sonido: versos brevísimos, de cuatro y tres sílabas, que imitan el gemido sostenido de un violín.
Sofocado y pálido cuando suena la hora, el poeta recuerda los días idos y llora; y se va, al viento malo que lo lleva de aquí para allá, «como la hoja muerta». Es de los poemas más musicales del francés, y sus primeros versos sirvieron de señal cifrada a la Resistencia francesa en 1944.
El verso se queda en francés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.