«Cuando me paro a contemplar mi estado» y miro el camino que me ha traído hasta aquí, dice Garcilaso, hallo que pude haber llegado a un mal aún mayor. El soneto es un balance del alma: el poeta mira hacia atrás y se ve perdido, y aun así reconoce que su daño pudo ser peor.
Se sabe acabándose, entregado sin defensa a quien sabrá perderlo «si ella quisiere». Es el primero de sus sonetos y ya está entero el Garcilaso esencial: la queja amorosa vuelta introspección, en el endecasílabo que él aclimató al castellano desde Italia.