Donne se dirige a la Muerte y la desafía cara a cara: no es «poderosa ni terrible», porque aquellos que cree derribar no mueren de verdad. El poema es un pulso: un hombre plantándole cara a la muerte con la lógica afilada de los poetas metafísicos.
La Muerte, argumenta, no es más que un sueño —y peores somníferos hay, el opio o un hechizo—; es esclava del azar, de los reyes y de los desesperados. En el pareado final le da la vuelta del todo: tras «un breve sueño despertamos eternamente, y la muerte ya no existe: muerte, tú morirás». La fe vuelta desafío.
El verso se queda en inglés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.