Un abeto se alza solo en el norte, sobre una cima pelada; el hielo y la nieve lo cubren con un manto blanco, y dormita. En cuatro versos Heine dibuja una soledad helada y quieta.
Y sueña con una palmera que, lejos, en Oriente, se aflige sola y en silencio sobre una pared de roca ardiente. Dos soledades que no se tocan —el frío y el fuego, el norte y el sur— y el anhelo imposible entre ambas. Suele leerse como la nostalgia del amor, o del propio Heine, judío alemán en el exilio.
El verso se queda en alemán. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.