Sor Juana escribió este soneto sobre su propio retrato. La pintura que la halaga —el «engaño colorido» del arte— pretende vencer a los años y salvarla del olvido, pero ella la desmonta verso a verso: es un artificio vano, un resguardo inútil contra el destino.
El final es una de las series más famosas de la poesía en español: el retrato «es cadáver, es polvo, es sombra, es nada». En una sola línea deshace la ilusión de permanencia que un retrato promete, y convierte el poema en una meditación barroca sobre la vanidad de todo lo que parece detener el tiempo.