Es uno de los poemas iniciales de Machado, de su libro Soledades (1907). El que habla ha recorrido muchos caminos y muchos mares, y en todas partes ha visto dos clases de gente: los soberbios y melancólicos que se emborrachan y desprecian, y la «buena gente» que vive, trabaja, sueña y calla.
Sin levantar la voz, el poema toma partido por los segundos. Termina con una imagen serena y sin dramatismo: esa buena gente que, cuando llega el día, descansa «bajo la tierra». Es el Machado temprano, ya con su tono grave y su ternura por la vida humilde.