Whitman oye cantar a América: no un himno, sino muchas voces a la vez —el mecánico, el carpintero, el albañil, el barquero, el zapatero, la madre, la joven que cose—, cada una entonando «lo suyo» mientras trabaja.
El poema es un catálogo, la figura preferida de Whitman: enumerar oficios y personas hasta que la suma dé un retrato del país. Lo que canta cada quien es distinto y propio, y esa variedad —no la unidad— es lo que para Whitman suena a democracia. De día los oficios; de noche, el coro de los muchachos.
El verso se queda en inglés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.