Un valle verde, un río que canta, el sol que llueve sobre la hierba: en el primer cuarteto Rimbaud pinta un rincón luminoso. En él duerme un soldado joven, con la boca abierta y la cabeza desnuda, tendido en el frescor, «pálido en su lecho verde».
El poema parece una escena apacible —la naturaleza acunando a un muchacho dormido— hasta el último verso, que lo desmiente de golpe: tiene «dos agujeros rojos en el costado derecho». No dormía: estaba muerto. Rimbaud lo escribió a los dieciséis años, en octubre de 1870, y su sencillez es su arma.
El verso se queda en francés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.