«Lo fatal» cierra Cantos de vida y esperanza (1905) y es el reverso oscuro de todo el libro. Frente al Darío luminoso y musical, aquí habla el que envidia al árbol y a la piedra porque apenas sienten: no hay dolor más grande, dice, que el de estar vivo y saberlo.
El poema nombra el miedo en su forma más desnuda: ser sin rumbo, el espanto de haber sido y el terror de lo que viene, la certeza de la muerte de mañana, el sufrir por lo que no se sabe. El maestro del sonido y el color termina su libro con la angustia de la conciencia, sin adorno que la alivie.