Lo inefable

Cantos de la mañana, 1910

Yo muero extrañamente...No me mata la vidano me mata la muerte, no me mata el amor;muero de un pensamiento mudo como una herida...¿No habeis sentido nunca el extraño dolor?

De un pensamiento inmenso que se arraiga en la vidadevorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormidaque os abrazaba enteros y no daba un fulgor?...

¡Cumbre de los martirios!...llevar eterrnamentedesgarradora y árida, la trágica simienteclavada en las entrañas como un diente feroz!

Pero arrancarla un día en una flor que abrieramilagrosa, inviolable...¡Ah más grande no fueratener entre las manos la cabeza de Dios!...

De Cantos de la mañana (1910), a partir de la transcripción de Wikisource en español. No se introdujo ninguna enmienda.

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.

Sobre el poema

«Lo inefable» es uno de los sonetos más intensos de Delmira Agustini. La que habla dice morir «extrañamente»: no la mata la vida ni la muerte ni el amor, sino un pensamiento callado que crece dentro de ella como una herida, algo que no tiene palabra y que por eso no puede darse a luz.

La imagen final es feroz: sería «divino» reventar y morir de ese pensamiento, como quien intentara sostener en las manos «una estrella» que le quema y no cabe. Agustini fue la gran voz femenina del modernismo, y aquí lleva su lenguaje —sensual, exaltado— a nombrar justo lo que no se deja nombrar: la vida interior que desborda al cuerpo.