Los heraldos negros

Los heraldos negros, 1919

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,la resaca de todo lo sufridose empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscurasen el rostro mas fiero y en el lomo mas fuerte.Serán talvez los potros de bárbaros atilas;o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caidas hondas de los Cristos del alma,de alguna fe adorable que el Destino blasfema.Esos golpes sangrientos son las crepitacionesde algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre...pobre! Vuelve los ojos, comocuando por sobre el hombro nos llama una palmada;vuelve los ojos locos, y todo lo vividose empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!

De Los heraldos negros (1919), a partir de la transcripción de Wikisource en español. Se conserva la ortografía del original («mas», «talvez», «atilas»).

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.

Sobre el poema

«Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.» Así abre Vallejo su primer libro: golpes como el odio de Dios, tan hondos que toda la resaca de lo sufrido se empoza en el alma. Son pocos, pero abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.

Son las caídas hondas de los «Cristos del alma», el pan que se quema en la puerta del horno. Y el hombre, pobre, vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza «como charco de culpa» en la mirada. El poema se cierra volviendo a su primer verso, sin respuesta. Con este libro, de 1919, empieza la vanguardia en español.