«Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé.» Así abre Vallejo su primer libro: golpes como el odio de Dios, tan hondos que toda la resaca de lo sufrido se empoza en el alma. Son pocos, pero abren zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Son las caídas hondas de los «Cristos del alma», el pan que se quema en la puerta del horno. Y el hombre, pobre, vuelve los ojos locos, y todo lo vivido se empoza «como charco de culpa» en la mirada. El poema se cierra volviendo a su primer verso, sin respuesta. Con este libro, de 1919, empieza la vanguardia en español.