Es el soneto más famoso de Góngora y una de las cumbres del carpe diem en español. Durante dos cuartetos enumera la belleza de una mujer joven —el cabello que compite con el oro, la frente más blanca que el lirio, el labio, el cuello de cristal— para, en los tercetos, ordenarle que la goce ahora, «antes que lo que fue en tu edad dorada» se marchite.
El final es una caída en cadena, palabra a palabra: la hermosura no se vuelve solo vejez, sino «tierra, humo, polvo, sombra, nada». Es la misma serie con que Sor Juana cerraría, décadas después, su soneto al retrato: el barroco mirando de frente el paso del tiempo, sin consuelo.