Miré los muros de la patria mía

El Parnaso español, 1648

Miré los muros de la patria mía,si un tiempo fuertes, ya desmoronados,de la carrera de la edad cansados,por quien caduca ya su valentía.

Salime al campo, ví que el sol bebíalos arroyos del hielo desatados,y del monte quejosos los ganados,que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa, ví que amancilladade anciana habitación era despojos;mi báculo más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,y no hallé cosa en que poner los ojosque no fuese recuerdo de la muerte.

Texto íntegro del soneto según la transcripción de Wikisource en español, que conserva la ortografía de la época («ví», «Salime»). No se introdujo ninguna enmienda.

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.

Sobre el poema

Es uno de los grandes sonetos de Quevedo sobre el desengaño y la muerte, del mismo mundo que «Amor constante más allá de la muerte». Mire a donde mire —los muros de la patria, el campo, el arroyo, su casa, su espada, su bastón—, todo le devuelve una imagen de ruina y le recuerda que se muere.

El poema avanza acumulando pruebas: los muros antes fuertes, ya desmoronados; el sol que se bebe los arroyos; el ganado que se queja del campo pelado. Y cierra volviéndose hacia dentro, hacia lo más suyo —la espada, el báculo—, vencido también por la edad. No hay dónde poner los ojos que no sea memoria de la muerte.