Noche oscura

Poesías, 1618

En una noche oscura,con ansias, en amores inflamada¡oh dichosa ventura!,salí sin ser notadaestando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,por la secreta escala disfrazada,¡Oh dichosa ventura!,a oscuras y en celada,estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosaen secreto, que nadie me veía,ni yo miraba cosa,sin otra luz y guíasino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiabamás cierto que la luz del mediodía,adonde me esperabaquien yo bien me sabía,en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!¡Oh noche amable más que el alborada!¡Oh noche que juntasteAmado con amada,amada en el Amado transformada!

En mi pecho floridoque entero para él sólo se guardaba,allí quedó dormido,y yo le regalaba,y el ventalle de cedros aire daba

El aire de la almena,cuando yo sus cabellos esparcía,con su mano serenaen mi cuello heríay todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,el rostro recliné sobre el Amado,cesó todo y dejéme,dejando mi cuidadoentre las azucenas olvidado.

Texto íntegro de las ocho liras según la transcripción de Wikisource en español. Se omite el «argumento» en prosa que la precede y la numeración de las estrofas, ajenos al verso. No se introdujo ninguna enmienda.

Dominio públicoEste poema está en el dominio público. Puedes leerlo, copiarlo, recitarlo y publicarlo sin pedir permiso a nadie.

Sobre el poema

Es uno de los grandes poemas místicos de la lengua. Un alma —que habla como una mujer enamorada— sale de su casa en plena noche, a oscuras y disfrazada, sin más guía que la luz que le arde en el pecho, para encontrarse en secreto con el Amado. Es la unión del alma con Dios contada como una fuga de amor.

San Juan escribió estos versos, y una larga «declaración» en prosa que los explica, después de una noche real: la de los meses que pasó preso por reformar su orden. El poema convierte esa oscuridad en el camino mismo hacia la luz —«¡oh noche que guiaste!»—, en ocho liras de una dulzura que no se ha vuelto a igualar.