Es uno de los grandes poemas místicos de la lengua. Un alma —que habla como una mujer enamorada— sale de su casa en plena noche, a oscuras y disfrazada, sin más guía que la luz que le arde en el pecho, para encontrarse en secreto con el Amado. Es la unión del alma con Dios contada como una fuga de amor.
San Juan escribió estos versos, y una larga «declaración» en prosa que los explica, después de una noche real: la de los meses que pasó preso por reformar su orden. El poema convierte esa oscuridad en el camino mismo hacia la luz —«¡oh noche que guiaste!»—, en ocho liras de una dulzura que no se ha vuelto a igualar.