Milton escribió este soneto ya ciego. Se pregunta, con angustia, cómo servir a Dios ahora que su luz «se ha gastado» antes de la mitad de sus días, con el talento inútil encerrado en él: ¿le exigirá Dios trabajo a quien le ha quitado la vista?
Pero la Paciencia le responde antes de que termine la queja: Dios no necesita ni el trabajo ni los dones del hombre; quien mejor lo sirve es quien lleva su yugo con mansedumbre. Y el verso final, célebre, lo resume: «también sirven los que solo esperan de pie». La fe entendida como espera.
El verso se queda en inglés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.