El poema de Gutiérrez Nájera es un deseo de buena muerte: morir al atardecer, en alta mar y con la cara al cielo, sin plegarias ni agonía, mecido por el tumbo de las olas, como un ave que remonta el vuelo o como el sol que lento se pone.
Y morir joven, antes de que el tiempo destruya la gentil corona, mientras la vida todavía dice «soy tuya». Escrito hacia 1887, es una de las voces que anuncian el modernismo hispanoamericano: la muerte no como espanto, sino como una imagen luminosa que se pierde.