Retrato

Campos de Castilla, 1912

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevillay un huerto claro donde madura el limonero;mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;mi historia, algunos casos que recordar no quiero.Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido—ya conocéis mi torpe aliño indumentario—;mas recibí la flecha que me asignó Cupidoy amé cuanto ellas pueden tener de hospitalario.Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,pero mi verso brota de manantial sereno;y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.Adoro la hermosura, y en la moderna estéticacorté las viejas rosas del huerto de Ronsard;mas no amo los afeites de la actual cosméticani soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.Desdeño las romanzas de los tenores huecosy el coro de los grillos que cantan a la luna.A distinguir me paro las voces de los ecos,y escucho solamente, entre las voces, una.¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisierami verso como deja el capitán su espada:famosa por la mano viril que la blandiera,no por el docto oficio del forjador preciada.Converso con el hombre que siempre va conmigo—quien habla solo espera hablar a Dios un día—;mi soliloquio es plática con este buen amigoque me enseñó el secreto de la filantropía.Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.A mi trabajo acudo, con mi dinero pagoel traje que me cubre y la mansión que habito,el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.Y cuando llegue el día del último viajey esté a partir la nave que nunca ha de tornar,me encontraréis a bordo ligero de equipaje,casi desnudo, como los hijos de la mar.

De Campos de Castilla (1912), a partir de la transcripción de Wikisource en español. La fuente no separa las estrofas; se respeta tal cual. No se introdujo ninguna enmienda.

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Sobre el poema

«Retrato» abre Campos de Castilla (1912) y es el autorretrato de Antonio Machado: «Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, / y un huerto claro donde madura el limonero». En pocos versos repasa su vida —Sevilla, Castilla, un amor apenas dicho— y, sobre todo, dice qué clase de hombre es.

Se define por lo que no es: ni un seductor a lo Don Juan ni un dandi a lo Bradomín; un hombre bueno, que desdeña las galas, que habla con el que siempre va con él —consigo mismo— y espera, sin miedo y «ligero de equipaje», el día de su muerte. Es la declaración de principios, ética y estética, de una de las voces más limpias de la poesía española.