Tres estrofas, tres mujeres. La primera es ardiente y morena, y ofrece placer; la segunda, pálida y de trenzas de oro, ofrece ternura y dicha. A las dos les responde que no. La tercera no es de carne: es «un sueño, un imposible, vano fantasma de niebla y luz».
Y a esa, la que no puede tenerse, le dice: «¡Oh, ven; ven tú!». En doce versos Bécquer cifra toda su poética: frente al placer y la dicha reales, el poeta elige lo inalcanzable, porque es justamente lo imposible lo que enciende el deseo.