Ocho versos sobre un desencuentro. A ella le asomaba una lágrima a los ojos; a él, una palabra de perdón a los labios. Pero habló el orgullo, ella se enjugó el llanto y la palabra de él se apagó sin decirse. Cada uno se fue por su camino.
El final es de los más citados de Bécquer: cuando piensan en el amor que aún se tienen, ella se dice «¿Por qué callé aquel día?», y él «¿Por qué no lloré?». Los dos saben que bastaba un gesto —una lágrima, una palabra— para no perderse, y los dos lo callaron por soberbia. Es el romanticismo hecho reproche íntimo.