Tres estrofas de una lógica muy de Nervo: si una espina lo hiere, se aparta de ella, pero no la aborrece. Si la ingratitud de una mano le clava un dolor, la deja, sin devolver el golpe. Ante el mal, ni odio ni venganza: apartarse y seguir.
Es el mismo Nervo de «En paz», el de la serenidad ganada a fuerza de renuncia. La imagen central —la rosa que da su perfume sin importar quién la corte— resume una manera de estar en el mundo: no dejar que el daño ajeno decida cómo va uno a vivir. Un poema breve, casi un proverbio, de su etapa más despojada.