Si una espina me hiere

Si una espina me hiere, me aparto de la espina,...pero no la aborrezco! Cuando la mezquindadenvidiosa en mi clava los dardos de su inquina,esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puroambiente de amor y caridad.

¿Rencores? ¡De qué sirven! ¿Qué logran los rencores?Ni restañan heridas, ni corrigen el mal.Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores,y no prodiga savias en pinchos punzadores:si pasa mi enemigo cerca de mi rosal,

se llevará las rosas de más sutil esencia;y si notare en ellas algún rojo vivaz,será el de aquella sangre que su malevolenciade ayer vertió, al herirme con encono y violencia,y que el rosal devuelve, trocado en flor de paz!

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Sobre el poema

Tres estrofas de una lógica muy de Nervo: si una espina lo hiere, se aparta de ella, pero no la aborrece. Si la ingratitud de una mano le clava un dolor, la deja, sin devolver el golpe. Ante el mal, ni odio ni venganza: apartarse y seguir.

Es el mismo Nervo de «En paz», el de la serenidad ganada a fuerza de renuncia. La imagen central —la rosa que da su perfume sin importar quién la corte— resume una manera de estar en el mundo: no dejar que el daño ajeno decida cómo va uno a vivir. Un poema breve, casi un proverbio, de su etapa más despojada.