Son seis versos, dos tercetos, y una imagen entera. En el primero, el águila agarra la roca con garras torcidas, sola en tierras altas, cerca del sol y rodeada por el azul del cielo. En el segundo, muy abajo, el mar arrugado se arrastra, y el águila —que lo vigila desde sus «murallas de montaña»— se deja caer «como un rayo».
Tennyson concentra en ese último verso todo el poema: la quietud absoluta de las cinco líneas anteriores existe solo para hacer más brusca la caída. Es una miniatura perfecta sobre la altura, la mirada y el instante en que la fuerza se suelta.
El verso se queda en inglés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.