«The Lamb» abre los Songs of Innocence (1789) y es el reverso exacto de «The Tyger», que Blake pondría cinco años después en los Songs of Experience. Un niño le pregunta a un corderito quién lo hizo, quién le dio la lana, la voz, el prado; y en la segunda estrofa se responde él mismo.
La respuesta es dulce y clara: lo hizo quien lleva también el nombre de Cordero —Cristo, que se hizo niño y manso—, de modo que el niño, el cordero y su creador se funden en uno. Donde «The Tyger» pregunta sin respuesta si el mismo dios hace lo terrible, «The Lamb» contesta con toda la certeza de la inocencia.