En ocho versos, Goethe dibuja el anochecer: sobre todas las cumbres hay calma, en las copas no se siente apenas un soplo, los pájaros callan en el bosque. Una quietud que baja de las montañas al bosque y de ahí, en el último verso, a quien lee.
«Espera, pronto descansarás tú también.» Ese cierre convierte el paisaje en una promesa —de reposo, quizá de muerte— dicha con una dulzura sin dramatismo. Goethe lo escribió en 1780 con lápiz, en la pared de una cabaña de caza; es de los poemas más perfectos de la lengua alemana.
El verso se queda en alemán. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.