Versos sencillos III
Versos sencillos, 1891
Odio la máscara y vicioDel corredor de mi hotel:Me vuelvo al manso bullicioDe mi monte de laurel.
Con los pobres de la tierraQuiero yo mi suerte echar:El arroyo de la sierraMe complace más que el mar.
Denle al vano el oro tiernoQue arde y brilla en el crisol:A mí denme el bosque eternoCuando rompe en él el Sol.
Yo he visto el oro hecho tierraBarbullendo en la redoma:Prefiero estar en la sierraCuando vuela una paloma.
Busca el obispo de EspañaPilares para su altar;¡En mi templo, en la montaña,El álamo es el pilar!
Y la alfombra es puro helecho,Y los muros abedul,Y la luz viene del techo,Del techo de cielo azul.
El obispo, por la noche,Sale, despacio, a cantar:Monta, callado, en su coche,Que es la piña de un pinar.
Las jacas de su carrozaSon dos pájaros azules:Y canta el aire y retoza,Y cantan los abedules.
Duermo en mi cama de rocaMi sueño dulce y profundo:Roza una abeja mi bocaY crece en mi cuerpo el mundo.
Brillan las grandes moldurasAl fuego de la mañanaQue tiñe las colgadurasDe rosa, violeta y grana.
El clarín, solo en el monte,Canta al primer arrebol:La gasa del horizontePrende, de un aliento, el Sol.
¡Díganle al obispo ciego,Al viejo obispo de EspañaQue venga, que venga luego,A mi templo, a la montaña!