Vida retirada

Poesías, 1631

¡Qué descansada vidala del que huye el mundanal ruidoy sigue la escondidasenda por donde han idolos pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pechode los soberbios grandes el estado,ni del dorado techose admira, fabricadodel sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la famacanta con voz su nombre pregonera,ni cura si encaramala lengua lisonjeralo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contentosi soy del vano dedo señalado,si en busca de este vientoando desalentadocon ansias vivas y mortal cuidado?

¡Oh campo, oh monte, oh río!¡Oh secreto seguro deleitoso!roto casi el navío,a vuestro almo reposohuyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,un día puro, alegre, libre quiero;no quiero ver el ceñovanamente severode quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las avescon su cantar süave no aprendido,no los cuidados gravesde que es siempre seguidoquien al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,gozar quiero del bien que debo al cieloa solas, sin testigo,libre de amor, de celo,de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la laderapor mi mano plantado tengo un huerto,que con la primaverade bella flor cubierto,ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosade ver y acrecentar su hermosura,desde la cumbre airosauna fontana purahasta llegar corriendo se apresura.

Y luego sosegadael paso entre los árboles torciendo,el suelo de pasadade verdura vistiendo,y con diversas flores va esparciendo.

El aire el huerto orea,y ofrece mil olores al sentido,los árboles meneacon un manso ruido,que del oro y del cetro pone olvido.

Ténganse su tesorolos que de un flaco leño se confían:no es mío ver al llorode los que desconfíancuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antenacruje, y en ciega noche el claro díase torna; al cielo suenaconfusa vocería,y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecillamesa, de amable paz bien abastadame baste, y la vajillade fino oro labrada,sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-mente se están los otros abrasandoen sed insaciabledel no durable mando,tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendidode yedra y lauro eterno coronado,puesto el atento oídoal son dulce, acordado,del plectro sabiamente meneado.

Texto íntegro según la transcripción de Wikisource en español. Se respeta la ortografía de la fuente, incluida la diéresis de «ruïdo». No se introdujo ninguna enmienda.

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Sobre el poema

Es la oda más famosa de Fray Luis y el modelo del beatus ille —el elogio de la vida apartada— en español. «¡Qué descansada vida / la del que huye del mundanal ruïdo!»: frente a la ambición, la corte y la envidia, el poeta escoge un huerto, una fuente y el silencio de un monte.

Fray Luis, catedrático en Salamanca, sabía de qué hablaba: la Inquisición lo tuvo preso casi cinco años. La oda no es una fuga cobarde sino una elección moral —tener poco y ser dueño de uno mismo— dicha en liras de una serenidad clásica, con la naturaleza como única riqueza que no traiciona.