Yeats le habla a la mujer amada imaginándola ya vieja: cuando estés vieja y gris, junto al fuego, toma este libro, léelo despacio y recuerda la mirada suave que tuvieron tus ojos. Muchos amaron tu belleza, con amor falso o verdadero; pero uno solo amó «el alma peregrina» que había en ti, y amó las penas de tu rostro que cambiaba.
El poema —dedicado a Maud Gonne, el gran amor no correspondido de Yeats— distingue entre los que quisieron la hermosura y el que quiso a la persona. En la última estrofa el Amor, ya perdido, huye a las montañas y esconde su rostro entre las estrellas: la advertencia dulce y triste de quien sabe que lo suyo era lo único que iba a durar.
El verso se queda en inglés. Traducirlo de paso sería cambiar la obra por una paráfrasis de la obra.