Yo persigo una forma

Prosas profanas y otros poemas, 1896

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,botón de pensamiento que busca ser la rosa;se anuncia con un beso que en mis labios se posaal abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;los astros me han predicho la visión de la Diosa;y en mi alma reposa la luz como reposael ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Y no hallo sino la palabra que huye,la iniciación melódica que de la flauta fluyey la barca del sueño que en el espacio boga;

y bajo la ventana de mi Bella Durmiente,el sollozo continuo del chorro de la fuentey el cuello del gran cisne blanco que me interroga.

De Prosas profanas y otros poemas (1896), a partir de la transcripción de Wikisource en español. No se introdujo ninguna enmienda.

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Sobre el poema

Es el soneto que cierra Prosas profanas (1896), y es un poema sobre la imposibilidad de escribir el poema perfecto. «Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo»: el capullo de pensamiento que quisiera ser rosa, el abrazo imposible de la Venus de Milo, un ideal que se ofrece y no se deja alcanzar.

El maestro de la forma confiesa aquí que la forma se le escapa. El poema termina sin cerrarse, en un signo de interrogación —«el cuello del gran cisne blanco que me interroga»—, dejando la busca abierta. Es el reverso lúcido del virtuosismo modernista: saber que lo que se persigue siempre queda un poco más allá.